miércoles, 24 de marzo de 2010

La Expulsión

Me levanto impulsivamente y escupo el agua de mi boca. Muevo los brazos bañados y con desesperación me incorporo. Asombrado y confuso, dirijo mi mirada hacia todas direcciones y me descubro sumergido en un lago muerto, un lago poco profundo pero oscuro.

Un paisaje desolado y gris me rodea y trato de recordar. Me refriego los ojos, los cierro y los vuelvo a abrir, como queriendo despertar, como si esa accion me devolviera al escenario habitual, pero definitivamente lo que veo es real.

Lo que más me confunde es el hecho de sentirme despabilado, más vivo que en mucho tiempo. Irónicamente, me encuentro rodeado de un horizonte con tierra agrietada y árboles sin hojas, sin la menor señal de vida alrededor.

Con esfuerzo repaso los hechos previos a la llegada de este lugar, había cruzado la puerta del baño, y llenaba la bañera, como todas las noches después de mi religiosa visita al bar de la esquina. Y mientras el agua corría, me miraba al espejo tratando de encontrar en aquella imagen una respuesta sobre la naturaleza de mi existencia. Recuerdo haberme reído, con aquellas risas que turban a cualquiera, y sumergirme en la tina mientras contemplaba la luz del espejo que comenzaba a dilatarse, a avanzar sobre mí, hasta dejarme en un estado semiconsciente.

Un maullido me devuelve a esta zona solitaria. En aquel árbol deshojado, un pequeño gato gris me clava su mirada y se aleja hacia una superficie de montañas rocosas y grises. Decido seguir a aquel animal que cada tanto se vuelve hacia mí, como si tratara de decirme algo. En la medida que me acerco a ese espacio escucho un ensordecedor lamento, que parece provenir de una mujer. El corazón se me acelera y apuro mi paso, el sudor frío en la frente me perturba aún más y el gato continúa llamándome con su mirada...

Me detengo ante un cuadro inefable. Un círculo llano, alrededor pequeños cerros rocosos, con una muchedumbre de sujetos que observan fervorosamente el centro de aquel círculo. Allí, una mujer de edad mediana y torso desnudo gime en una danza de movimientos epilépticos; se retuerce, grita, se queja, al tiempo que desde sus entrañas vá expulsando un enorme pájaro, con cabeza y cuerpo tal vez humanos y alas de murciélago. La congregación permanece inmutable, y la extraña criatura continúa su salida desplegando sus enormes alas, hasta tomar altura y perderse en el espacio gris. La mujer se desvanece, y cae al suelo. Todo es silencio, nadie sale de su estado de shock.

Un instante después, uno de los sujetos con túnica blanca se acerca a la mujer y le murmura algo. Ella se incorpora con una serenidad inquietante y se dirige hacia mí. Lo sé porque no hay nadie a mi alrededor, y caigo en la cuenta que todos están observándome. Mi cara parece transformarse, mientras la mujer se acerca con esa sonrisa. Entonces toma mi mano y me conduce al centro del círculo, al tiempo que me dice al oído: "El punto exacto en que el espíritu, el alma quiere saltar del cuerpo. Resulta ser un proceso doloroso, pero cuando logra salir de la cárcel de nuestro cuerpo, es cuando empezamos a existir".

Me levantaba impulsivamente y escupía el agua de la boca, movía los brazos bañados y con desesperación me incorporaba. Confuso, dirigía la mirada hacia la luz del baño. Comenzaba a sentir punzadas en mi panza.
(Año 2005)

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