miércoles, 24 de marzo de 2010

Ensayo

Cuando alguien dice que perdió algo, ¿qué podemos hacer al respecto?. Supongo que nada más que lamentar la pérdida una y otra vez. No hay nada que pueda reemplazar aquel objeto extraviado, llámese objeto tangible o intangible.

El dolor de la pérdida resulta entonces directamente proporcional al valor que el objeto en cuestión proporcione al sujeto. En cambio, no existiría relación alguna entre el tamaño de aquel objeto y el dolor causado por su ausencia.

Existen muchos y diferentes objetos que, quien sabe dónde han ido a parar. Tal vez reunidos en un universo paralelo, del cual nos encontramos tan cerca, y tan lejos al mismo tiempo.

Personalmente he realizado un inventario de los objetos que he perdido, y del que no encuentro reemplazo, ni consuelo alguno. Lo extraño, como diría alguien, es que uno nunca termina de reponerse del todo de estas pequeñas pérdidas, las cuales vá acumulando en el camino, y resulta llamativo que lo que pesa es lo vacío, un bagaje que uno lleva cargando en su espalda, y que irónicamente es vacío (y no debiera pesar). Se tratan de pequeñas cosas de un valor incalculable, difícil de dimensionar por alguien que no sea el sujeto mismo.

En este inventario, yo encuentro por ejemplo mi inocencia y espontaneidad de nena, los silbidos y las sonrisas. Mi malla azul cuando tenía ocho años. El olor a café los sábados de frío en la casa de Natalia, los vestidos que hacía mi abuela Carmen para mis muñecas...

También encuentro, por ejemplo, la imagen de verte dormido de costado, con tus manos entre las rodillas y la boca abierta. No encuentro reparo en la susencia de tu pelo, y ese brillo cobrizo que se reflejaba con la luz, y la mueca justo antes de sonreir. Y tu marca en la pera, de la que nunca pude retener el motivo que la causó. Las pecas en la espalda, el lunar con el que soñaba arrancar, el brillo de tu mirada y el morderte los labios un instante antes de besarme. Los pies más lindos que haya visto alguna vez, y la carita ansiossa mientras corregía algún cuento recientemente escrito, esperando mi opinión. Tantas, tantas cosas perdidas que nadie podrá devolverme, ni reemplazar.

Es así, está perdido, jodidamente perdido, ausente pero presente en el momento que rescato aquella imagen, aquel recuerdo.

(Año 2006)

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