miércoles, 24 de marzo de 2010

Libertad Condicionada (Ensayo II)

El observador por el mero hecho de ser testigo influye en esa realidad. Cada cosa es diferente porque yo estoy observando. Entonces me pregunto ¿cómo puedo existir la libertad? ¿cómo puedo ser libre de elegir tal o cual cosa, si esta elección está dada bajo la influencia de diversos testigos y circunstancias que provoca o decantan esas elecciones (y no otras).

¿Cómo puedo ser libre una elección que es producto de interrelaciones, choques, caos, testigos y circunstancias que la producen?

(2007)

Ensayo

Cuando alguien dice que perdió algo, ¿qué podemos hacer al respecto?. Supongo que nada más que lamentar la pérdida una y otra vez. No hay nada que pueda reemplazar aquel objeto extraviado, llámese objeto tangible o intangible.

El dolor de la pérdida resulta entonces directamente proporcional al valor que el objeto en cuestión proporcione al sujeto. En cambio, no existiría relación alguna entre el tamaño de aquel objeto y el dolor causado por su ausencia.

Existen muchos y diferentes objetos que, quien sabe dónde han ido a parar. Tal vez reunidos en un universo paralelo, del cual nos encontramos tan cerca, y tan lejos al mismo tiempo.

Personalmente he realizado un inventario de los objetos que he perdido, y del que no encuentro reemplazo, ni consuelo alguno. Lo extraño, como diría alguien, es que uno nunca termina de reponerse del todo de estas pequeñas pérdidas, las cuales vá acumulando en el camino, y resulta llamativo que lo que pesa es lo vacío, un bagaje que uno lleva cargando en su espalda, y que irónicamente es vacío (y no debiera pesar). Se tratan de pequeñas cosas de un valor incalculable, difícil de dimensionar por alguien que no sea el sujeto mismo.

En este inventario, yo encuentro por ejemplo mi inocencia y espontaneidad de nena, los silbidos y las sonrisas. Mi malla azul cuando tenía ocho años. El olor a café los sábados de frío en la casa de Natalia, los vestidos que hacía mi abuela Carmen para mis muñecas...

También encuentro, por ejemplo, la imagen de verte dormido de costado, con tus manos entre las rodillas y la boca abierta. No encuentro reparo en la susencia de tu pelo, y ese brillo cobrizo que se reflejaba con la luz, y la mueca justo antes de sonreir. Y tu marca en la pera, de la que nunca pude retener el motivo que la causó. Las pecas en la espalda, el lunar con el que soñaba arrancar, el brillo de tu mirada y el morderte los labios un instante antes de besarme. Los pies más lindos que haya visto alguna vez, y la carita ansiossa mientras corregía algún cuento recientemente escrito, esperando mi opinión. Tantas, tantas cosas perdidas que nadie podrá devolverme, ni reemplazar.

Es así, está perdido, jodidamente perdido, ausente pero presente en el momento que rescato aquella imagen, aquel recuerdo.

(Año 2006)

La Expulsión

Me levanto impulsivamente y escupo el agua de mi boca. Muevo los brazos bañados y con desesperación me incorporo. Asombrado y confuso, dirijo mi mirada hacia todas direcciones y me descubro sumergido en un lago muerto, un lago poco profundo pero oscuro.

Un paisaje desolado y gris me rodea y trato de recordar. Me refriego los ojos, los cierro y los vuelvo a abrir, como queriendo despertar, como si esa accion me devolviera al escenario habitual, pero definitivamente lo que veo es real.

Lo que más me confunde es el hecho de sentirme despabilado, más vivo que en mucho tiempo. Irónicamente, me encuentro rodeado de un horizonte con tierra agrietada y árboles sin hojas, sin la menor señal de vida alrededor.

Con esfuerzo repaso los hechos previos a la llegada de este lugar, había cruzado la puerta del baño, y llenaba la bañera, como todas las noches después de mi religiosa visita al bar de la esquina. Y mientras el agua corría, me miraba al espejo tratando de encontrar en aquella imagen una respuesta sobre la naturaleza de mi existencia. Recuerdo haberme reído, con aquellas risas que turban a cualquiera, y sumergirme en la tina mientras contemplaba la luz del espejo que comenzaba a dilatarse, a avanzar sobre mí, hasta dejarme en un estado semiconsciente.

Un maullido me devuelve a esta zona solitaria. En aquel árbol deshojado, un pequeño gato gris me clava su mirada y se aleja hacia una superficie de montañas rocosas y grises. Decido seguir a aquel animal que cada tanto se vuelve hacia mí, como si tratara de decirme algo. En la medida que me acerco a ese espacio escucho un ensordecedor lamento, que parece provenir de una mujer. El corazón se me acelera y apuro mi paso, el sudor frío en la frente me perturba aún más y el gato continúa llamándome con su mirada...

Me detengo ante un cuadro inefable. Un círculo llano, alrededor pequeños cerros rocosos, con una muchedumbre de sujetos que observan fervorosamente el centro de aquel círculo. Allí, una mujer de edad mediana y torso desnudo gime en una danza de movimientos epilépticos; se retuerce, grita, se queja, al tiempo que desde sus entrañas vá expulsando un enorme pájaro, con cabeza y cuerpo tal vez humanos y alas de murciélago. La congregación permanece inmutable, y la extraña criatura continúa su salida desplegando sus enormes alas, hasta tomar altura y perderse en el espacio gris. La mujer se desvanece, y cae al suelo. Todo es silencio, nadie sale de su estado de shock.

Un instante después, uno de los sujetos con túnica blanca se acerca a la mujer y le murmura algo. Ella se incorpora con una serenidad inquietante y se dirige hacia mí. Lo sé porque no hay nadie a mi alrededor, y caigo en la cuenta que todos están observándome. Mi cara parece transformarse, mientras la mujer se acerca con esa sonrisa. Entonces toma mi mano y me conduce al centro del círculo, al tiempo que me dice al oído: "El punto exacto en que el espíritu, el alma quiere saltar del cuerpo. Resulta ser un proceso doloroso, pero cuando logra salir de la cárcel de nuestro cuerpo, es cuando empezamos a existir".

Me levantaba impulsivamente y escupía el agua de la boca, movía los brazos bañados y con desesperación me incorporaba. Confuso, dirigía la mirada hacia la luz del baño. Comenzaba a sentir punzadas en mi panza.
(Año 2005)