Construir puentes puede resultar más fácil de lo que la gente habitualmente cree al respecto.
No son necesarios estudios preliminares sobre el lugar, planos de construcción, ni ingenieros. Tampoco los ladrillos, ni materiales especiales para soportar peso y tráfico, ni cientos de hombres trabajando.
No son necesarios tiempos para inaugurarlos, ni siquiera luces para iluminarlos.
Los puentes se construyen con el silencio para reflexionar.
Se cosntruyen escuchando al otro, sin querer imponer la propia razón, o quedarse con el propio enojo.
Se construyen con acciones libres, pero responsables.
Mirando alrededor, sin olvidarse del interior.
Se construyen puentes con sonrisas en las bocas y brillo en los ojos.
Se construyen tomándose las manos y abrazando.
O mirando a los ojos, sin la acción inmediata de bajar la cabeza.
Se construyen puentes escuchando música,
mirando películas, o simplemente estando presente.
Los puentes se construyen, creyendo, olvidando, y amando.
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